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Una tarde del año 1983, cuando aún era un niño de 7 años, durante una reunión familiar en la sala de la abuela, rodeado de mis papás, mi hermana, primos y tíos comenzó una película en la TV, una película que de inicio no había captado mi interés al no ser de dibujos animados, pero que por una mágica razón, que al día de hoy aún no logro explicar, pude ver de inicio a fin.
No sabía entonces que lo que estaba viendo no era solo una historia…
era algo real.
Recuerdo esa sensación, no era emoción común, era algo distinto…
una especie de respeto que no entendía todavía.
La leyenda de “LOBO”, sí ese era su nombre: LOBO, en español.
Un lobo, inteligente, metódico, imposible de atrapar.
Un animal que no huía… pensaba.
Temido por los ganaderos y perseguido por cazadores.
Pero había algo en él que no encajaba con la idea de “enemigo”, de una “bestia”.
Durante años, esa historia se quedó conmigo, aunque no sabía
exactamente por qué.
Tiempo después logré entender, esa película basada en una historia real, no solo hablaba de la leyenda “LOBO”, sino que era el reflejo de algo más grande: la forma en la que el ser humano ha mirado
- y muchas veces malentendido - a la naturaleza.
Una historia real que marcó algo en mí.
Y hoy, muchos años después su historia prevalece.
Su esencia y propósito viven en LOBO 1894.
Quiero contarte la historia de “LOBO”, el lobo que cambió mi vida.

Para 1893, LOBO ya era el líder de una manada que luchaba por sobrevivir en un territorio que había cambiado. Con la desaparición de sus presas naturales, él y los suyos se vieron obligados a alimentarse del ganado de los colonizadores, convirtiéndose en una amenaza para quienes ahora dominaban la región.
Pero LOBO no era un lobo común. Observaba, aprendía y guiaba a su manada para esquivar trampas, venenos y cualquier intento humano por atraparlos. Durante meses, nadie logró alcanzarlo.
Fue entonces cuando Ernest Thompson Seton, cazador experimentado, fue contratado para exterminarlo. Lo que pensó sería una tarea rápida, se convirtió en un desafío que puso a prueba toda su experiencia.


En enero de 1894, todo cambió. Seton no capturó a LOBO… capturó a BLANCA, su compañera una loba hermosa, color blanco. Y con ello, tocó el único punto vulnerable de un lobo que hasta entonces había sido imposible de vencer.
Finalmente, LOBO fue capturado atraído por el cadáver de BLANCA y mediante cuatro trampas puestas cuidadosamente.

LOBO murió al día siguiente, pero lo que dejó fue una huella profunda en la conciencia de Ernest Thompson Seton. Conmovido por la valentía y el vínculo que el lobo mostró al intentar recuperar a su compañera, Seton decidió no volver a cazar y dar vida a esta historia en su libro ANIMALES SALVAJES QUE HE CONOCIDO, marcando el inicio de una nueva forma de entender a la vida silvestre.
Con el tiempo, esta historia inspiró los primeros movimientos de conservación en el mundo y tuvo influencia en la creación de los
Boy Scouts de América.
Así fue como a mí me marcó desde niño.
Y hoy, en honor a ese lobo y al año en que su historia
cambió la nuestra, nace LOBO 1894.
Una marca que no solo recuerda, sino que busca concientizar.
Al formar parte de LOBO 1894, no solo portas una historia, te conviertes en parte de la protección de una especie que aún lucha por sobrevivir: el lobo gris mexicano.
Gracias por ser parte de esta memoria con propósito.

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